Presenciar un Ironman 70.3 Cap Cana desde una perspectiva sedentaria
Nunca había sentido tan de cerca la distancia entre una vida sedentaria y una vida entrenada como durante la tercera edición de Ironman 70.3 Cap Cana. Mientras más de 1,000 atletas de alto rendimiento se lanzaban al mar, montaban bicicleta y corrían bajo el sol, yo observaba desde mi rol de periodista y me preguntaba cuándo había dejado de escuchar a mi propio cuerpo.
¿Te imaginas estar rodeado de atletas que irradian felicidad? ¿Me creerías si te digo que correr, nadar y montar bicicleta pueden cambiarte la vida?
Esto fue lo que viví en primera persona durante la cobertura de este evento deportivo, donde atletas de más de 60 nacionalidades se dieron cita para poner a prueba su resistencia física, su disciplina y su voluntad.
A mí, como periodista que solo observaba, me resultaba interesante ver el contraste entre quienes se hospedaban en el hotel Dreams Cap Cana para participar como atletas en el evento, quienes asistíamos a cubrirlo y quienes disfrutaban de unas merecidas vacaciones.

Aunque no hay que ser genio para entender a qué me refiero, sí existía una marcada diferencia entre aquellos cuerpos atléticos y quienes sentíamos dolores en las rodillas por nuestra evidente falta de actividad física.
Esto me hizo cuestionarme cómo algunas personas hemos asumido que estos ejercicios son solo para quienes tienen el tiempo, la pasión o la disciplina suficiente para entrenar, cuidar lo que comen y mantener rutinas definidas.
Como mujer, siempre he visto el cuidado de mi cuerpo como un reto difícil y casi inalcanzable. Sin embargo, esta experiencia se convirtió en una fuente de inspiración para entender que no se trata de tener todos los equipos ni de volverme maratonista de un día para otro, sino de comenzar con pasos pequeños para cuidar mi templo, es decir, este cuerpo que he de habitar hasta que Dios quiera.
El domingo 17 de mayo, que fue el “día cero”, estos atletas se prepararon desde antes de las 6:00 de la mañana para demostrar de qué estaban hechos y cómo se habían preparado para cumplir el reto.

¿Te preguntas en qué consistía? Debo decirte que, cuando lo leí, sentí miedo y asombro, ya que la prueba comprende un recorrido total de 70.3 millas, equivalentes a 113 kilómetros, dividido en tres disciplinas: 1.9 kilómetros de natación en aguas abiertas del Caribe, específicamente en la playa Juanillo; 90 kilómetros de ciclismo y 21.1 kilómetros de carrera pedestre, correspondientes a un medio maratón.
Ver al atleta francés Mathieu Lapeyre cruzar la meta con un tiempo de 4 horas, 14 minutos y 44 segundos fue una muestra de que la disciplina, el enfoque y la valentía son claves para derribar cualquier obstáculo y alcanzar cumbres.

Pero mi emoción fue mayor cuando vi a una mujer pasar por la meta. Brenda Schaupp se alzó con el primer lugar en la categoría femenina al completar el circuito en 4 horas, 43 minutos y 45 segundos.
Cuando la entrevistamos, fue clara: “Este es un deporte que todos podemos hacer con constancia, con disciplina, con un sueño por cumplir y con mucha voluntad. Así que el que quiera hacer un medio Ironman, que se apunte primero en natación y continúe paso a paso, porque realmente se puede construir un sueño muy bonito”.
Sus palabras me hicieron pensar que no todos tenemos que convertirnos en triatletas para empezar a cuidar nuestro cuerpo. A veces basta con caminar 20 minutos al día, subir escaleras, aprender a nadar, montar bicicleta los fines de semana o, simplemente, movernos más. Ver un Ironman no me hizo querer competir de inmediato, pero sí me recordó que el cuerpo necesita atención, disciplina y movimiento.
Para mí, esta experiencia como espectadora, después de haber pasado la mayor parte de mi vida en el sedentarismo, se convirtió en una inspiración para trabajar, un paso a la vez, en uno de los retos más importantes: poner el cuerpo en movimiento.
Como espectadora, debo felicitar y agradecer a quienes crearon esta marca y a quienes se han motivado a transformar sus vidas a través de cada triatlón y carrera en los que ponen a prueba cuerpo, mente y alma.
Salí de Cap Cana con una certeza: el Ironman no solo lo corren quienes cruzan la meta. También lo empieza, de alguna manera, quien se atreve a mirar su vida sedentaria y decide cambiar un hábito, dar una caminata, entrar a una piscina o intentarlo de nuevo, porque, al final, moverse también puede ser una forma de reconciliarse con uno mismo.